La viuda de tamarindo – Guayaquil

Cuentos y leyendasTiempo de lectura: 3 minutos

Era un tamarindo antiguo que existía donde era la quinta Pareja. La quinta Pareja quedaba donde es ahora la Clínica Guayaquil.

Las calles exactamente creo que son: Tomás Martínez y General Córdova, en esa área. En esa época era una finca. No era una quinta: se llamaba quinta y era un lugar abandonado y los tunantes, o sea las personas que andaban tras del trago, iban solos, iban que se iban ya a su casa, miraban una mujer vestida de negro que parecía muy bella.

En ese tiempo no había pues mayor alumbrado. Entonces el tunante, pues, este que estaba, seguía ¿no? seguía, perseguía a la viuda ésta, a la aparición ésta, y ésta lo llevaba siempre a un tamarindo añoso ¿no? lo llevaba allí. Cuando él iba pues, cuando él llegaba ya casi al pie del tamarindo y luego se volteaba ¡la viuda había sido una calavera de la muerte!. Una calavera, de decir: ¡tremenda!. El tunante caía hechando espuma por la boca. Esa es una conseja que ha existido mucho, aquí, en Guayaquil.

Así que es una cosa muy cierta. Esta es una leyenda de las madres que por no confesar su adulterio pues ahogaban al hijo al fruto de sus pecados, de su adulterio, de su infidelidad. Eso era en la época prácticamente de la Colonia. Era ahí esta mujer, era la mesonera de un tambo que existía en la provincia de por donde es ahora es la provincia de Los Ríos, Babahoyo, por ahí.

El marido se fue hacer un largo viaje. Por aquel tiempo los viajes se hacían a muía, todas estas cosas de entonces. Ella se quedó en el tambo, en el tambo tuvo su enamoramiento,tuvo con otras personas que no eran su marido. El fruto de esto fue un niño, tuvo un niño, salió dando a luz de este hombre, pues, y” ella creyendo que el tipo había muerto. Como en aquel tiempo los viajes eran larguísimos, demoraban un año, dos años, tres. Cuando que tiene noticias, que regresa el marido.

Entonces esta criatura ya tenía algunos meses de nacida. Ya era grande y pensando que no iba a pasar nada entonces ella coge a la criatura esta. Se monta en una canoa y va y la ahoga. Esto era en el río Caracol, en uno de estos ríos de arriba le ahoga al niño, mata al niño. Viene el marido, pues. Y no falta, pues, quien se lo diga ¿no?. El marido le hace una gran escándalo. La mujer se vuelve loca ¿no?. Le viene -digamos- cargo de conciencia.

Ella enloquece y ante la vergüenza de todo esto que pasa en aquella época, pues se va a buscar a su hijo en la canoa para darle cristiana sepultura, porque son creencias que si no se entierra pues en tierra santa, pues se creía esto. Ahora que se riegan las cenizas en el agua por eso es que incluso los curas cobraban para enterrar, sino imagínese, semejante problema. Desde entonces esta mujer busca.

Y hay gente que jura y lo vieron todos, todos los pescadores sobre todo, juran que la han visto, que va todas las noches, que va esta mujer, que va toda la condenona ¿no? que anda con la condenona, que anda con la ataúd, un ataúd pequeñito en la canoa, en la proa de la canoa ¿no?. Encima del ataúd revolotean un poco de moscas y anda con un farolito, busca y busca y llama al hijo y llama al hijo.

Y hay pues pescadores que juran ¿no? por Dios, por todo que la han visto. Algunos dicen que el cuerpo recuperó, pero que sólo le falta el dedo meñique, eso, ¿cómo es eso?… Ella por último encontró todo el cuerpo del hijo. Sólo le falta encontrar el dedo meñique, y eso es lo que busca todavía, esto es por el lado de Juján. Por eso viene a hacer la penitencia que tiene que cumplir por todos los siglos de los siglos.

Fuente: Cuento popular andino (ECUADOR: Selección y Textos Abdón Ubidia)

Fecha: 1983

Deja un comentario